lunes, 15 de diciembre de 2014

Soy cristiana. ¡Y qué!

Curiosa la costumbre de felicitar las Fiestas… las Navidades… la llegada del Mesías. ¿Alguien recuerda, que es eso, lo que celebramos?
Me llegó esta curiosa felicitación y como soy de las que ve la botella medio vacía, me enojé. ¿Qué es esto?: ¿Un insulto a los cristianos?, ¿una provocación? Curiosamente procedía de alguien neutral. Cuando la abrí, no estaba sola, los que me rodeaban, son de los que suelen ven la botella más llena que yo. Ellos lo interpretaron de forma distinta: una invitación a  la reflexión, un granito de arena para alejarse del consumismo.

Yo no lo vi así, me alejé de los otros con la postal en la mano y me perdí en mis pensamientos y mis deseos para la Navidad:
  • Me gustaría que se apagaran las luces decorativas en las ciudades y se encendieran las calefacciones, de quienes no puede permitirse el “lujo” de tener los pies calientes dentro de sus cuatro paredes.
  • Me gustaría que no hubiera árbol de Navidad alguno en plazas, bancos y ayuntamientos de un pueblo o ciudad, mientras una sola familia no tenga hogar, o viva amenazada con el desahucio en dicho lugar.
  • Me gustaría que miles de abuelas que se ven obligadas a esforzarse durante días para sentar juntos a la mesa, a quienes no siempre quiere verse las caras; se sentaran en el sofá para ver como sus jóvenes invitados organizan, compran, cocinan, limpian, ordenan y regalan.
  • Me gustaría que los que salen  estos días a comprar o a donar desesperadamente, para contentar al (o mejor dicho, para cumplir con) el prójimo, recordaran que, si bien, el Mesías nace en Navidad, nos acompaña los 365 días del año.

Bajé la mirada hacia la postal, sentí rabia. ¡No dejemos que nos quiten la Navidad a los cristianos! Busquemos al Mesías, entre luces que nos ciegan, guirnaldas que nos confunden y comidas que nos desorientan.
Miré el reloj e interrumpí rápidamente mis pensamientos. “¡Llego tarde!” exclamé. Tiré la felicitación a la papelera. Los compromisos de Navidad me ahogaban, de nuevo y el bazar del colegio me esperaba.
Me apresuré hacia la escuela y subí las escaleras hasta la clase de mi hijo. Una madre musulmana, con quién comparto a menudo las batallas del día a día, me abrió la puerta: “¡Qué alegría verte!”  Me miró con paz y me sonrió.  No respondí, pero miré hacia el interior del aula, todo estaba listo.  Ella tomó mi mano, me hizo pasar y me dio un regalo. “Toma: unos dulces turcos, para que los disfrute con tu familia y que Allah os acompañe en estas fiestas”. Me sentí en casa. Orgullosa de poder compartir nuestro Mesías con todos los que quieren encontrarlo, en Navidad y en todos los días del año. 

jueves, 10 de julio de 2014

COSAS DE MUJERES


Ando buscando algo diferente, motivador. Algo amable, con un toque femenino y de consciencia que se aleje de lo establecido por la costumbre que, a mi entender, es masculina. Hace ya un tiempo que me muevo en esta línea. Sé exactamente lo que es, lo que necesito, y mi pretensión es tan grande, tan ambiciosa, que quiere abarcar a todas las mujeres para devolverlas a ese espacio de bondad en su manera de comportarse que el exceso de control masculino ha suprimido.

Todos los días veo a mujeres rotas aferrarse una y otra vez a un hombre que las abandona o que las deja languidecer porque se siente ahogado y frustrado al no hallar jamás esa parte femenina que tanto necesitan. Son mujeres que presienten que el cambio hacia una manera de vivir más amorosa está dentro de ellas pero están tan desgastadas y tan hechas a fijarse en lo que hay fuera que se han perdido en el camino. Y lo que es peor, se sienten cómodas con su dolor e incluso cualquier intento por sacarlas de donde están se considera una invasión. Lo sería, evidentemente, si el intento no hubiera sido precedido por un grito de súplica. A veces explícito. Otras, ahogado. Y así pasan los años y no son capaces de transmitir a sus hijas e hijos eso que vibra en su interior y que permanece pese a los intentos de ocultarlo. Más bien al contrario, se dedican a inculcarles que no hay manera de escapar de la rutina estéril que anula a las personas.

Es cosa de mujeres recuperar la capacidad de devolver la magia y la ilusión a sus vidas. Y con ello, de rebote, al mundo. Es su trabajo detectar la manipulación y no transigir a ella por una falsa creencia de estar incompletas. Somos seres completos. Mujeres y hombres. Por supuesto. Nacemos con la alegría de ser y mantenerla a lo largo de nuestros días, de nuestro paso por la Tierra es, básicamente, la misión que tenemos. La vocación común a la Humanidad. Da igual cómo se exprese la vida, cómo sean las circunstancias. Nunca nadie puede arrebatarnos ese espacio propio que es lo único real que tenemos y que nos pertenece por derecho.

Hemos asistido impasibles a miles de siglos de supremacía férrea masculina en un intento falso de la mente por permanacer cuando sabe que es efímera. Hemos vivido en el ostracismo espiritual, relegando a un segundo plano la consciencia que nos conecta con el corazón y el sentido real de eternidad. Hemos marginado cualquier iniciativa de la mujer sabia por vivir de acorde a las leyes de la naturaleza, por expresar su feminidad y su sexualidad como algo divino. Por intentar fluir con los ritmos de la vida que no sabe de prejuicios y que no entiende de estancamientos. Q se mueve libre a pesar del afán por detenerla. 

El resultado es un mundo enrarecido, con mujeres que viven de cuello para arriba, en su cabeza loca, pertrechadas en la comodidad incómoda del hábito y que han perdido su capacidad de amar y conectar con su sabiduría. Con el Cosmos que se refleja en todo su cuerpo. En su Ser. Mujeres castradas e inseguras que ven a otras mujeres como rivales, que no son capaces de disfrutar de su sexualidad aunque se jactan de ser multiorgásmicas a la manera masculina, esto es, “aquí te pillo, aquí te mato”. Mujeres que padecen verdaderas torturas al parir con secuelas graves en su intimidad y que ven crecer a sus retoños sin conseguir maravillarse por ello. Mujeres que prefieren hacer horas extras o acortar su baja por maternidad a estar con sus hijos, a los que dejan durante horas en las guarderías sin ser conscientes de la necesidad de mamá que tienen, y que cuando acaban su jornada agotadora de trabajo hacen deportes que no respetan su especificidad porque les dicen que es sano y relajante. Todo el día haciendo otras cosas para distraer su mente de tanta frustración y perpetuando el modus operandi que las oprime. Lo que sea para acallar ese grito que nace en el corazón y que recorre sus entrañas. Ese grito que dice “basta. Esto no es mío y no es lo que quiero”. En definitiva, mujeres a las que les explican que para liberarse deben comportarse como los hombres. ¡Qué gran mentira! ¡Cuánta falacia!

Es hora de tomar el relevo. De pasar de lo mental al corazón. De lo masculino a lo femenino. Es hora de ser valientes. Es hora de ser lo que somos, mujeres, y de coger las riendas, para construir un mundo de armonía donde se respete nuestra sensibilidad exquisita y nuestra conexión amorosa con el todo. Es hora de despertar la consciencia que destruye la fuerza de las malas costumbres para crear un mundo nuevo donde todas y todos vivamos en paz y sin ser sometidos por los que dictan las normas para perpetuar la separación de los individuos. 

sábado, 8 de marzo de 2014

Para todas las mujeres NO trabajadoras, por trabajar más que nadie.




Para todas las que nunca se han puesto unos tacones o un traje para ir a la oficina; para las que no saben lo que es una nómina, ni conocen el significado de los horarios laborales.

Para todas las que se han visto mucho antes de lo planeado con un niño en la tripa por quien luchar; para las que nunca lo tuvieron; para las que han tenido más de tres de cuatro y de seis.

Para las que cuidan a sus padres mayores, o a los hijos pequeños de sus hijos, o todos a la vez. Para las que sientan cada día a la mesa a toda la familia, de lunes a domingo, 365 días al año, incluyendo domingos y fiestas de guardar, que suponen trabajo doble.

Para las que nunca encontraron a nadie que las ayudara en casa y compartiera con ellas "sus labores". Para las que extienden la mano los lunes a su marido, padre o hermano mayor para recibir el dinero y el beso de la semana.

Para las que atienden a familiares enfermos que dependen al 100 % de ellas sin que nadie considere que eso es un trabajo. Para las que cuando han podido respirar, porque sus hijos han volado con unos principios y una educación bajo el brazo, de las que ellas son en buena parte responsables, se encontraron un mundo afuera de puertas cerradas, que no las considera capacitadas para trabajar fuera del hogar.

Para las que tenían mucho que ofrecer: físicas, médicas, actrices, ingenieras, enfermeras,  políticas, filósofas… y  escondieron su profesión en la dimensión de la vida no vivida.

Para las que nacieron y murieron sin cobrar un sueldo propio ni un solo mes.

No importa si viven en Casablanca, Maputo, Lima, Ankara, Nueva Orleans, Pekín, Berlín, Londres o Paris. Cristianas, musulmanas o de cualquier otra creencia. Las hay en todas partes, en el campo, en la ciudad y a tu alrededor. Algunas nacen dentro de culturas que las encierran en su rol, pero a su vez las respetan por tenerlo; otras nacen en culturas que disfrazan la realidad y se llenan la boca hablando de igualdad pero  no ofrecen oportunidades y las arrinconan más que nadie. Algunas sienten su soledad amarga en una choza de un poblado en la selva, otras en un ático de Paris. A todas esas mujeres que nadie considero como trabajadoras el 8 de marzo y son las más trabajadoras de la faz de la tierra rindo hoy homenaje.
Berta.

lunes, 17 de febrero de 2014

¿Dónde?

¿Dónde está esa caricia que ahogué en mi bolsillo?
¿Dónde quedaron las semillas que no planté? ¿Y el regalo que no abrí? 
¿Dónde está el correo que no envié?
¿A dónde fue la planta que no regué? ¿Por dónde ambulan los sueños de la noche que no dormí?
¿Dónde está el párrafo escrito que no guardó el ordenador?
¿A dónde viajó el cuento que no escribí?

No se lo dije y tragué saliva,  una arcada con su sabor amargo me visitó, allí se perdieron la palabra que no pronuncié y el beso que no di.

martes, 4 de febrero de 2014

LAS COSAS EN SU SITIO




Abrió los ojos aquella mañana y como en tantas otras la prisa le inundó por dentro. Todo estaba preparado, él era de los que no se acostaba con asuntos pendientes…  jersey, pantalones y ropa interior le esperaban junto a la ducha. Sin embargo, un soplo de angustia le agitó por dentro, quizá porque sabía que las mañanas no tendrían color sin imprevistos, y las suyas eran siempre coloridas.
Se puso en pie sin ganas y notó un pinchazo en la garganta. Abrió un cajón buscando alivio y descubrió que alguien  se había comido el último caramelo de eucalipto. Fue al baño y se consoló enjuagándose la boca con un producto dental que se anunciaba como el mágico 5 en 1, pensando que con tanto elemento comprimido, alguno habría para el dolor de garganta. El pinchazo persistió.
En la cocina le esperaba un paquete de café ordenado en su armario, pero vacío, justamente ayer había hecho la compra de forma efectiva, no había olvidado nada de la lista: de su lista.
Torpe por la falta de cafeína y de horas de sueño buscó  el cubo de basura para deshacerse  del paquete vacío. Al abrir el cubo, vio que la bolsa estaba a rebosar. No tenía intención de cambiarla, no encontró ni tiempo ni ganas para hacerlo, se sintió aliviado. Sin embargo, cuando introdujo el paquete de café vacío lo presionó fuertemente  para lograr espacio, tiró de las asas de la bolsa y esta se rasgó en dos, de modo que, buena parte de su contenido quedó esparcido por el suelo. El metro no espera- pensó- y como la escoba estaba allí mismo, decidió cerrar los ojos, dar un escobazo y colocar la porquería bajo la mesa. Era hora de salir, su móvil parpadeaba a toda velocidad por falta de batería, al parecer alguien había decido cargar la tableta y desenchufarlo. Salió, respiró aire fresco de cero grados y tomó el metro con la intención de bajar en el centro y buscar un lugar para preparar las clases, antes de ir a la academia.
La cafetería que le acogió era fría, hecha en serie y sin personalidad, pero poco importa la personalidad cuando lo que se busca es un enchufe dónde cargar el móvil y una conexión a internet para responder a los correos. Un muffin de sabor y color artificial y un café con leche exótico de más de tres euros le ayudaron a despertarse y le acompañaron en su oasis de 20 minutos de concentración. Desarrollar una metodología de enseñanza para aproximar una gramática, no difícil pero sí extraña a la vida  de directivos de grandes empresas, con grandes responsabilidades, grandes despachos y grandes cuentas corrientes (no siempre grandes cerebros), no era tarea fácil pero sí interesante. Especialmente, teniendo en cuenta que los instrumentos para ello, eran unos libros de texto de una gran editorial, con fotos estupendas pero mínimo contenido didáctico, escritos por algún enchufado con grandes contactos y poca experiencia en el aula. Quizá por ello, allí mismo se le abría una trabajo extra,  que a pesar de no estar remunerado ni valorado, significaba una oportunidad personal de crear material efectivo, fruto de conocimientos y años de experiencia. Lograr encontrar el modo de captar la atención del ejecutivo, sumergirlo en la concentración y conseguir que así olvidara  sus grandes compromisos, durante más de una hora, era el reto más dulce de la mañana.
Concluyó su oasis y bajó al andén. El metro no circulaba, apenas dos paradas le separaban de la academia y alguien le recordó que los conductores estaban en huelga para reclamar un aumento de salario. Pensó en su metodología que nadie valoraba, ni mucho menos pagaba. Se sintió mal.  Alguien que se pasa tantas horas bajo tierra debería tener una situación financiera desahogada y poder vivir con dignidad, no sería él quien se quejara. El abono mensual le había costado sesenta euros y lamentó que ese esfuerzo económico que él, como tantos otros ciudadanos, mensualmente hacían no repercutiera en el bolsillo de los conductores. Los servicios mínimos llegaron pero en el metro no había lugar para él, como en la bolsa de basura no había lugar para el paquete de café.
Llamó por el móvil a la academia,  iría andando y llegaría tarde. La primera clase estaba ya perdida… su jefe le comunicó que la segunda clase acababa de ser anulada el directivo de turno tenía una importante reunión…
Esa mañana no tenía más clases, él era autónomo y naturalmente, solo cobraba por clase que impartía.
Volvió a casa en los servicios mínimos, recogió la basura abandonada por el suelo y añadió sus apuntes con  metodología didáctica. Los papeles no los mezcló con el contenido de la bolsa rota, él era de los que reciclaba.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.

domingo, 26 de enero de 2014

Darse Cuenta: LA GRAN MENTE

Darse Cuenta: LA GRAN MENTE: Es admirable cómo los medios de comunicación de masas cumplen a la perfección con el papel adjudicado por la gran mente de distrae...

jueves, 23 de enero de 2014

Revelació

La dona s'ha llevat d'hora tot i que no té res per complir en un horari determinat. S'ha preparat el suc de taronges mentre prenia consciència d'aquell neguit amb què s'ha aixecat i que no era cap dolor que pogués fer marxar amb un analgèsic. Ha torrat el pa, ha escalfat la infusió i ha pres l'esmorzar fent un sudoku i seguint de reüll les notícies de la tele.
Mentre recollia la tassa i el plat de l'esmorzar ha continuat el neguit innombrable. Allà seguia, sense que la dona que s'ha llevat d'hora el pogués anomenar. Era concret, el neguit, però si la dona l'hagués hagut d'explicar no hauria sabut què dir-ne, d'ell.
I el neguit innombrable començava a crèixer precisament pel fet de que no sabia posar-li nom. I també pel fet de que la dona ha començat a pensar que com més anés el dia sense dir-li per un nom a aquell neguit, més creixeria el neguit i ha començat a estendre la bugada que havia fet la rentadora més interessada a descobrir què coi li passava perquè deixés de passar-li que en posar  la roba com diu la convenció que s'ha de posar la roba quan s'estén i ha anat a pentinar-se perquè cal pentinar-se abans de sortir de casa i ella ha de marxar ara tot i que el que ha de fer ho pot deixar per més tard.
Es fa la clenxa i busca un clip i utilitza l'assecador i un raspall per no sortir de casa mal pentinada i de sobte sent una mena de cuc de llum que li va rossegant des del centre del cervell i que avança, incansable, fins que esclata darrere del seu front. Indolor.
I aleshores, arriba la revelació i la dona es perdona dues coses: primer, que ahir va frenar en sec i va canviar el sentit de la marxa en mig del carrer, empesa pel terrible rebuig que li va provocar veure un noi jove que es mou en cadira de rodes plantar-se davant de la porta d'un centre comercial per intentar vendre cupons. Després, es perdona també que encara  no ha canviat de banc.